domingo, abril 27, 2008

La Mujer Ligth (I Parte)

En la búsqueda del yo perfectamente regulado está implícito que otros se encargarán de pensar". Stuart Ewen.

Hace poco más de 40 años, una agitación formidable sacudía certezas que hasta entonces parecían inamovibles. Las mujeres protagonizábamos esa agitación y la promovíamos. Aun aquellas que observaban tamaño desorden desde los márgenes y cautelosas, terminarían por ser beneficiadas.
Los años 60, se sabe, dieron para mucho. Y nosotras no permanecimos ajenas al fervor. Por encima de mandatos, presiones y deberes, siempre hubo mujeres que se impusieron, buscando su propia voz, abriendo puertas para las otras, cuestionando el reparto establecido.
Cuando empezó a surgir la idea de La Mujer Ligth, miré el camino que anduvimos desde entonces (y que muchas pioneras ya habían recorrido fuera de las sendas programadas) y me pareció que el eslogan de la TV pecaba de optimista.
Si se cuenta en centimetraje la cantidad de espacio que ocupamos en los medios, se diría que hoy somos protagonistas. Sin embargo, me inclino a pensar que estamos ante un formidable fenómeno de notoriedad - la mujer ligth y sus defensores la confunden con protagonismo social - que proyectamos imágenes que atrasan más de 30 años.
La mujer ligth es ese espectáculo al que asistimos y que ejerce, como modelo aceptado y celebrado por la sociedad, una tremenda presión sobre todas nosotras.
Ha trabajado su identidad como un espacio terso, musculoso, liberado de tensiones, de corrientes contrapuestas, de curiosidad, de búsqueda, de experimentación médica, un espacio a-genérico. Es alguien a quien ya no le cabe preguntar, porque ha encontrado todas las respuestas en el renovado acatamiento a la autoridad médica - ofrece su cuerpo como laboratorio a cambio de retener la juventud- y en adiestramientos novedosos o espirituales.
La mujer ligth acepta (y promueve) un rol, una silueta, una foto, un deber. Es una imagen de aerógrafo que no tiene historia y condensa un deseo unívoco: detenerse, permanecer, cristalizarse. Se ha vuelto evanescente etérea, sin pliegues, sin fisuras. Acunada por el neoconservadurismo, vuelve a representar, tras una apariencia funcional que denota las virtudes de la tecnología, una papel tradicional.
Redescrubre la femineidad como si fuese un valor olvidado, cuando en realidad ha sido, y afortunadamente, sólo (¡tan solo!) cuestionado.
La mujer ligth tal vez no lo sepa pero le debe a las chicas inadaptadas de los años 60 - de quienes reniega cuando dice "soy femenina, no feminista" o "nunca tuve escollos por ser mujer" - muchas de las conquistas que hoy gozan.
Pero, muy a pesar , no transgrede, no cambia nada (ni hace cambiar). Su pasión excluyente es ella misma.
Ni una mirada solidaria al entorno. ¿Qué otro asunto podría convocar a la mujer ligth como no sea una oferta que la deslice en el camino hacia la perfección o una promesa de vida de calidad total?
La trampa nos involucra a todas, nos perturba, nos desvía: fuera de la belleza, de la perfección, de la autorregulación, ¿qué nos queda?.
Todos conocemos a una mujer ligth. Está en casa, vive en nosotros, en la pantalla de televisión, nos domina, nos tiene fascinados. Los hombres las señalan como la perfección; las mujeres viven para parecérseles.
De ella se habla - y ella habla- en todas partes. De ella, de su cuerpo, de su cara, de sus conquistas espirituales, de sus claves para lograrlo todo, tenerlo todo, exhibirlo todo.
Aquí también quiero hablar de ellas, pero lejos del endiosamiento de las tapas de las revistas y de las pasarelas, se quiere indagar, escuchar, estudiarla, y tirar la piedra sobre la superficie del espejo, que es lo que hay detrás del mostrador de las ofertas mágicas para ser bella, armónica y siempre joven y ver como algunos de esos sueños fabricados pueden convertirse en pesadilla.

3 comentarios:

Cristian Acevedo dijo...

yo con suerte conozco mujeres, asi que para mas encima pasar malos ratos buscando si son light, heavy..fat..non fat... no puedo clasificar lo inclasificable.

ciertamente soy el que menos sabe de mujeres en el mundo, pero sí se una sola cosa: las minas están locas.




jajajajaja



cariños


ebria cesante



Xeester el loser

badseed91 dijo...

interesante tu descripcion, solo un pequeña pregunta antes de continuar...

¿Porque lo etiquetaste como "textos politicos"?

En cuanto al tema en si, creo que es porque estamos en una epoca light,
donde lo que importa es figurar, no importa el costo.

Podemos verlo tambien en las mal llamadas tribus urbanas. Por mas que digan que es por ser parte de un grupo, de identificarse con algo, lo cierto es que tambien solo buscan la figuracion.

Vivimos en un mundo light, y ahi entra en juego la ley de Darwin: la supervivencia del mas apto.


salu2, missia cola de katita xD

Gabriel dijo...

Es difícil la carga que deben soportar las mujeres sobre la descripción de un ser más bien material y disponible al comercio humano, aunque no creo que sea una degeneración de nuestro tiempo sino más bien una contextualización a la época en el cual vivimos, quizás más aguda y nítida que antaño, pero sino mal recuerdo mis clases de derecho romano, la mujer era considerada como un objeto, sin derecho ni obligaciones a la merced del Pater Familia (el padre)
Un besito y gracias por esta columna, a veces hacen falta este tipo de texto en Bloggolandia después de tanta proliferación de diarios de vida y set de fotos
Besos