martes, febrero 21, 2006

Marxismo de un nuevo tipo

Trascurría 1922 y el poeta y mago Vicente Huidobro en su libro vientos contrarios, ya escribía la sentencia… “Los viejos generalmente obran y hablan en nombre de sus desengaños, de sus fracasos, que ellos llaman experiencia, como si todos debiéramos fracasar en la vida y desengañarnos”. Sentencia que me permite decir, basta de mirar la historia desde el subterráneo indigno de la derrota, por que como he expuesto y siempre haciéndome cargo de las palabras de otros mago, Carlos Pérez, es necesario crear un marxismos de nuevo tipo, pero hay que tener siempre presente que cualquier intento por refundar el marxismo debería empezar, según el sentido común, con un recuento de aquello que ha ocurrió, de aquello que quizás se pueda recatar de ese enorme barco a la deriva , de aquello que al fin de cuentas debiéramos evitar, en otras palabras “Aprender de la experiencia”.

Para muchos, es necesario contar la historia del marxismo, y quizás tienen razón, pues creen que mucho de nosotros, los jóvenes, de hoy no la conocemos… primer error, por que creen que llevamos nuestros impulsos de cambios a ciegas sin saber lo que más de ciento cincuenta años de lucha podrían aportarnos… segundo error. En fin, mi opinión sin embargo, es que nuestro problema es al revés: NO LOGRAMOS DESHACERNOS DEL LASTRE DE LO QUE NO FUE. El marxismo clásico actúa en nosotros a la manera del síntoma freudiano, es decir, como una serie de “recuerdos” que “no recordamos” y que se expresan en nuestras conductas, manifestando su realidad latente. Una y otra vez la generación de la derrota trasmite su desencanto y sus resignaciones rencorosas sobre nosotros, haciéndonos viejos antes de empezar. Haciéndonos viejos sin que ni siquiera lo sepamos, atrapándonos en las ideas y las formas de hacer política que fueron inventadas para realidades que ya no existen y que fracasaron dramáticamente.

La historia del marxismo clásico actúa en nosotros de esta manera, cuya fuerza reside en que no sale nunca a la luz, gobernándonos desde un cierto “sentido común de la derrota”, desde una serie de obviedades, que nosotros repetimos sabiendo cada vez menos cual es su origen, controlando cada vez menos si queremos vivirlas o no. Se trata de los clásicos tics en que la izquierda clásica expresaba su neurosis, sin división entre los sueños y el mundo, que reaparecen ahora, como si viviéramos aun en esa misma historia. Los jóvenes de la enseñanza media discuten de la misma manera que sus abuelos, en los años sesenta, en la universidad discutimos como lo hicieron nuestros padres, los no tan jóvenes siguen discutiendo igual que hace treinta años, como si el mundo no se hubiese movido ni un milímetro, como si no los hubiera aplastado una y otra vez.


Palabras nuevas para las viejas ideas, ideas antiguas para los nuevos problemas, la izquierda fósil no sabe salir de la combinación de ideas que les permitió legimitarse, tanto en sus luchas heroicas como en las dictaduras infames que gobernó. Y los jóvenes no sabemos salir de todo aquello que no sabemos, de aquello que aprendimos por osmosis, de la vida política mediocre, de las nostalgias tristonas, de las quejas que nunca ven los futuros posibles sino a través de la memoria innoble de las derrotas.

Ya basta, ahora es necesario “olvidar” el marxismo clásico, y reinventar el marxismo. Ya es suficiente de derrota y desencanto, ya es suficiente de repeticiones vacías de lo que nunca ocurrió. .. Continuara

1 comentario:

Claudio Scheuermann dijo...

los jovenes de hoy no quieren pensar, esta epoca es de consolas y de game over